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Instalación: azúcar, corazones de azúcar, libros, videos, 2009.

El proyecto se formaliza en una instalación compuesta por diferentes elementos. Una video-instalación formada por dos videos, “Accion” (15’) y “Coloquios” (30’), unos pequeños libros, y una instalación en el suelo formada por un manto de azúcar. En él yacen unos corazones tambien de azúcar (realizados a partir de un molde de silicona alimentar de un corazón de cerdo). Estos corazones de azúcar son comestibles. El espectador puede coger algunos de ellos y llevárselos. También es importante que el espectador pueda tocar, o pisar (dependiendo del lugar de exposición) el manto de azúcar, y jugar con el.

 

Cuando era pequeña durante la Cuaresma nos pedían hacer un fioretto, el cual siempre se resumía en renunciar a lo que más les gusta a los niños: los dulces.
Durante ese tiempo, nada de caramelos, tartas, golosinas o bombones. Estas fueron mis primeras prácticas abstinentes.

Con los años, volver a recordarlas, me ha llevado a reflexionar sobre este tipo de prácticas: las motivaciones, los mecanismos que la impulsan, las sensaciones que provocan o los comportamientos que proyectan.
Desde aquellas abstinencias que tienen un cariz cotidiano a otras con carácter más místico, el deseo de autocontrol sobre la voluntad del cuerpo es lo que principalmente se desprende en cada uno de los casos. Las renuncias más banales pueden transformarse entonces en verdaderos retos y estímulos a superar para conseguir la meta deseada.

Es aquí, en este contexto, en que vuelvo a recordar y recupero el azúcar; elemento blanco, puro y energético para el cuerpo, funciona a la vez como símbolo de placer. El placer es el objeto de censura durante la abstinencia; es aquello de lo que queremos prescindir para hacernos sentir mejor. Recuperamos el pecado original.
Los corazones blancos representan las múltiples abstinencias que llevan a cabo estas personas. El color blanco del azúcar en que esta compuesto cada uno de los corazones no solo es símbolo de pureza y objeto de deseo, sino también de ausencia, del vacío que sentimos cuando no somos capaces de llenar satisfactoriamente nuestro espíritu.

Los fragmentos del video “Coloquios” se desarrollan en los hogares de los protagonistas con la intención de establecer un contacto con aquella intimidad que pocas veces somos capaces de descubrir. El espacio, la escenografía que envuelve la escena, nos habla acerca de la actitud de una persona abstinente. El cuerpo se muestra visible, natural, en total sintonía con su ecosistema personal y familiar. La abstinencia se nos presenta pues, como decíamos, como un ritual de autosanación, de catarsis y cotidianeidad simultáneas. Sin filtros o discursos que emborronen la raíz de sus significados.

El video “Acción” visualiza el ritual del cual fluyen estos discursos. La acción gira entorno a la ingestión de un corazón de azúcar; vemos en ella una evolución, donde inicio, desarrollo y desenlace atraviesan por diferentes estados sensoriales. El deseo y el placer desenfrenado expuestos en los primeros minutos serán sustituidos, poco a poco, por la gula, el esfuerzo, la náusea y el rechazo definitivos.
Es de esta manera en que somos observadores de la materialización de nuestros anhelos sofocados, conducidos finalmente hasta el punto en que nos desbordan, y donde finalmente se produce un giro fundamental de significado: solo meritamos aquello que queremos cumpliendo con el castigo que nos autoimpongamos; ésta es la verdadera razón del sacrificio como acto sagrado.

texto de Alexandre Aldeguer